La propuesta de cambiar el orden de los apellidos me parece una estupidez.
Los nombres (y los apellidos) están, por un lado para distinguir y, por otro, para identificar a las personas.
Eso exige un criterio estable, de modo que cualquiera puede identificar que soy hijo de un Nolla y una Fernández, y que soy hermano de mis hermanos.
¿Que se gana con perder eso?
Si los que sustituyen por una política de gestos la auténtica batalla por la igualdad, están tan preocupados, que se cambie el actual orden y se ponga primero el apellido de la mujer. Sería incluso lógico, pero lo propuesto es una estupidez.
jueves, 4 de noviembre de 2010
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